Carol Dwek y la Mentalidad de Crecimiento

Carol Dweck.- "La actitud para el éxito"
Para quienes han comenzado una investigación o formación en neuroedidáctica Carol Dweck es una autentica celebridad. Su libro “La actitud de éxito”, publicado en 2006, es uno de los textos más influyentes de los últimos años. Sin embargo este éxito también ha derivado en confusiones y tergiversaciones de su mensaje que la propia autora trata de atajar. En este artículo trataremos de explicar qué es eso de la mentalidad de crecimiento.

En primer lugar, queremos aclarar que las conclusiones de la doctora Dweck parten de un completo trabajo de campo. Este es el “papel” original que puede encontrar explicado en el siguiente artículo del blog Escuela con Cerebro. Resumiendo Blackwell, Trzesniewski y Dweck realizaron un doble análisis longitudinal a alumnos de 12-13 años. Durante cinco años seguidos estudiaron su rendimiento en la asignatura de matemáticas en relación con un factor interno de su alumno, su “mentalidad de crecimiento”  y un factor externo, la divulgación entre los alumnos de cómo funciona su cerebro. En este artículo se explica en profundidad estos factores y su repercusión en el rendimiento de los alumnos, pero antes queremos comentar la otra parte importante de la propuesta de Carol Dweck: el concepto de ” todavía no” en el proceso de aprendizaje. Esta es quizás la parte más olvidada de su discurso, aunque probablemente sea la más importante. Existe una forma de reconducir a los alumnos hacia una mentalidad de crecimiento, pero tenemos que tener muy claro en que consiste esta mentalidad si no queremos obtener justo los resultados opuestos a los esperados. En los apenas 10 minutos de esta charla TED es la propia doctora Dweck la que desarrolla su propuesta.

Mentalidad de crecimiento vs Mentalidad fija

Todos hemos pensado alguna vez que ya sabíamos todo lo que nos nos hacía falta aprender, que hay cosas que nunca cambian o que nuestras capacidades son las que son, ni muchas ni pocas, y que eso está bien. En otros momentos hemos creído que seríamos capaces de superar cualquier reto, que necesitábamos aprender algo nuevo o que podíamos mejorar nuestras capacidades. La primera actitud es la que denominaremos Mentalidad Fija, mientras que la segunda corresponde a la Mentalidad de Crecimiento. En el fondo se trata de la antigua dicotomía entre fatalismo y optimismo. En lo que respecta a la educación puede caricaturizarse en el debate entre quienes creen que “si quieres puedes” y quienes declaran que “lo que Natura non da, Salamanca non presta”.

El primer estudio de Dweck corroboró que los alumnos en los que predominaba una mentalidad de crecimiento conseguían mejorar sus resultados académicos mientras que los que mantenían una mentalidad fija no eran capaces de superarse. Parece obvio que si uno no se cree capaz de superar un obstáculo no va a intentar hacerlo, pero darnos cuenta de que es precisamente esta actitud la que nos asegura el fracaso nos obliga a replantearnos algunas cosas.

En su segundo estudio Carol Dweck seleccionó a un grupo de estudiantes entre los que divulgó conocimientos sobre el funcionamiento del cerebro y los mecanismos de aprendizaje. El principal mensaje que se les transmitió a los alumnos era que el aprendizaje cambia el cerebro formando nuevas conexiones neuronales y que ellos son responsables del proceso. Se les enseñaba que la inteligencia era maleable, se presentaba la analogía del cerebro con un músculo que se puede fortalecer y se ofrecían ejemplos cercanos que eran complementados por actividades prácticas y debates. Este grupo de estudiantes consiguió cambiar su actitud y mejorar sus resultados académicos frente al grupo de control. De este modo Carol Dweck se adelantó a los resultados de los meta-análisis de John Hattie, que identificó como primera influencia en el desarrollo académico de los alumnos sus propias expectativas, pero además propuso un mecanismo para mejorar estas expectativas en el alumno.

 

El “efecto pigmalión” y sus peligros

My Fair Lady.- El "efecto Pigmalión"
En psicología el “efecto pigmalión” * se refiere a la capacidad de que tiene una persona para mejorar el rendimiento de otra a través de sus propias expectativas. Dicho de otra forma, si un profesor cree que puedo aprobar lo haré, si por el contrario cree que estoy condenado al fracaso lo más probable es que no supere su asignatura. Este efecto fue introducido por Robert Rosenthal en un estudió de 1966 que demostró como las expectativas o sesgos de un investigador influían en el comportamiento de los sujetos estudiados. Su aplicación pedagógica fue propuesta por David C. McClelland en su libro “Pygmalion in the Classroom”. McClelland defiende que, al considerar los profesores más inteligentes a ciertos estudiantes, éstos tienden a rendir más.
Sin embargo el efecto pigmalión es ambiguo en su planteamiento (puede ser positivo o negativo) y muy difícil de cuantificar (estaría modulado por la “autoridad” del maestro). De hecho en la lista de influencias de John Hattie el “feed back” del alumno sobre lo que el profesor piensa sobre su forma de aprender figura en el puesto 10. Muy por detrás de la credibilidad del profesor (puesto 4) o la actitud del alumno frente a la intervención del profesor (puesto 3). A pesar de todo ello de alguna manera se ha formado una fuerte conexión en el imaginario colectivo entre las ideas de Carol Dweck y el efecto pigmalión. Como hemos podido ver no existe relación más allá de que Carol Dweck defiende que es posible para el educador reconducir al alumno hacia una mentalidad de crecimiento.

Carol Dweck corrige algunas interpretaciones de su libro

Un paso más allá está la magia de las “profecias autocumplidas” que se derivan del efecto pigmalión. Se pueden encontrar multitud de publicaciones “de autoayuda” en las que el mentalidad de crecimiento más esfuerzo personal deben desembocar necesariamente en el éxito sea cual sea nuestro objetivo, pero las cosas nunca son tan sencillas. ¿Qué ocurre si al final no se consigue alcanzar la meta?. Existe un claro peligro de desmotivación en el alumno, pero además en el discurso de la autoayuda hay también una fuerte sesgo de culpabilización en el fracaso.

El trabajo de Carol Dweck busca que algunos alumnos entiendan que no están condenados de antemano al fracaso. Sin embargo ahora podemos encontrarnos con alumnos para los que no obtener siempre el éxito es culpa de su actitud o de su falta de esfuerzo. Alumnos aterrados por la posibilidad de equivocarse En esta entrevista la doctora Dweck nos alerta sobre estos peligros a la hora de aplicar la mentalidad de crecimiento en el aula, pero podemos ampliar sus recomendaciones al entorno laboral o incluso al personal. En sus propias palabras “La mentalidad de crecimiento como objetivo ayudar a cerrar las brechas de rendimiento, no se llama. Se trata de decir la verdad sobre el logro real de un alumno y luego, juntos, hacer algo al respecto, ayudarlo a ser más inteligente. “

Conclusiones:

La mentalidad de crecimiento no es una autopista hacia éxito, tiene que ver más con la construcción del carácter personal, la vieja y olvidada “fortaleza del carácter”, que se cimienta sobre valores como la con la resiliencia, la perseverancia, el coraje,… La verdadera mentalidad de crecimiento nos enseñará a disfrutar del proceso de aprendizaje por sí mismo, como reto personal.
Alcanzar una meta difícil, el éxito personal, laboral o académico, es el objetivo final. La mentalidad de crecimiento nos debería ayudar a entender que el no debemos abandonar sin intentarlo, pero también que no pasa nada por que el camino no sea una sucesión de triunfos, que no debemos tener miedo a equivocarnos, que lo importante es ser honestos con nosotros mismos y disfrutar de cada nuevo reto. Las ideas de Carol Dweck están construidas a partir de un riguroso trabajo de investigación y son consistentes con datos obtenidos por otros investigadores. Sin embargo son facilmente manupulables por los vendedores de neuromitos. En este otro artículo os contamos que es un neuromito y como evitarlo.
* Pigmalión, rey de Chipre que no encontraba a la mujer perfecta con la que casarse por lo que decidió esculpir una estatua de la que se enamoró. Finalmente Afrodita dió vida a la escultura que convirtió en Galatea, la esposa de Pigmalión. (“Las metamorfosis” de Ovidio). Bajo este mismo nombre Bernard Shaw reescribió el mito para el teatro en 1913 y fue llevado al cine en “My fair lady” (1964)

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