Mitos “neuro”: ¿qué son y como evitarlos?

El cerebro humano es con seguridad el órgano más narcisista del universo. Estudiar la mente humana tiene para todos un plus de interés que va mucho más allá de la natural curiosidad. A lo largo de la historia diferentes estudios, teorías y descubrimientos sobre el funcionamiento de nuestro cerebro han desbordado los límites de la ciencia o han servido para justificar ideas o prejuicios ajenos a su ámbito. Lo “neuro” atrae, seduce, cautiva y, en última instancia, vende. ¿Es solo una etiqueta? En el caso concreto la neuroeducación, ¿como identificar un “neuromito”?, ¿cómo podemos separar el oro de la paja?.
¿Zapatillas de running "neuro"?

La comunicación entre el laboratorio y la sociedad

El fin último de esta entrada, más que desarrollar un listado de mitos neuroeducativos, es realizar un primer acercamiento a los problemas de comunicación entre la comunidad científica y la sociedad. Este problema está detrás de debates muy diversos: desde los airados detractores de los transgénicos a los pintorescos defensores del terraplanismo, La neurodidactica, como aplicación en el proceso de aprendizaje de los últimos descubrimientos sobre el funcionamiento del cerebro, está plenamente afectada por este problema. En general, todo lo que expondremos en este artículo es aplicable a la forma que tenemos como individuos de entender y asimilar otras novedades científicas y tecnológicas. La ciencia ha demostrado ser una poderosa herramienta para entender el mundo y una fuente inagotable de mejoras en nuestra vida diaria. Los poco más de trescientos años de aplicación sistemática del método científico nos han llevado muy lejos. La mayoría de nosotros nos hemos acostumbrado a recibir de la ciencia y la tecnología soluciones rápidas y eficaces para casi todos nuestros problemas. En realidad nos resulta extraño, incluso inaceptable, que la ciencia no sea capaz de dar respuesta inmediata a un nuevo problema. También es cierto que el trabajo científico sigue resultando sospechoso para algunas personas, y puede que el número de escépticos esté creciendo en los últimos años. ¿Qué podemos decir de la neuroeducación en este este contexto? ¿Podemos confiar en que la ciencia nos ayudará a mejorar los procesos educativos y de aprendizaje?

¿Qué podemos esperar de la neuroeducación?

El siguiente documento es la declaración firmada por 145 expertos asistentes a la conferencia “Early Educationand Human Brain Development” celebrada en Santiago de Chile en 2007. Esta declaración se acotan drásticamente nuestras expectativas. En concreto se declara que: “Los modelos de desarrollo del desarrollo infantil ofrecen hojas de ruta para diseñadores de políticas, educadores y diseñadores que desean comprender no solo lo que los niños aprenden, sino cómo aprenden de manera óptima y además implican que las políticas educativas, los planes de estudio y los productos deben enfocarse no solo en el contenido sino también en el proceso de aprendizaje. Estos modelos de desarrollo junto con los avances en nuestra comprensión del aprendizaje en niños con riesgo cognitivo se pueden aplicar para mejorar el aprendizaje entre todos los niños. Los principios enunciados anteriormente se basan principalmente en los hallazgos de la investigación social y conductual, no en la investigación del cerebro. La investigación neurocientífica, en esta etapa de su desarrollo, no ofrece directrices científicas para la política, la práctica o la crianza de los hijos. La investigación actual del cerebro ofrece una nota promisoria, sin embargo, para el futuro. Los modelos de desarrollo y nuestra comprensión del aprendizaje serán ayudados por estudios que revelan los efectos de la experiencia en los sistemas cerebrales que trabajan en concierto.” Mi opinión personal es que el “descubrimiento” de un proceso educativo “científico”, y por tanto estandarizable, es una de las más aterradoras pesadillas distópicas. Sin embargo, que la neurociencia no sea capaz de ofrecer un modelo educativo “científico” no significa que no pueda ayudarnos a discriminar entre practicas educativas correctas e incorrectas. Un ejemplo de como los descubrimientos neurológicos pueden ayudarnos a mejorar descubrir nuestros errores: Durante muchos años se pensó que la dislexia estaba relacionada con problemas en la visión, llegándose a desarrollar una terapia visual para corregirla, pero en 1994 la comunidad científica llegó al consenso de las causas de la dislexia son neuronales y no visuales. Eso no impide que se siga ofreciendo la terapia visual como solución a los problemas de dislexia.

Un problema de comunicación

El problema de comunicación entre científicos y sociedad es complejo y grave. La ciencia necesita comunicar a la sociedad sus descubrimientos y ofrecer un retorno de la inversión realizada en sus investigaciones. Los investigadores están deseosos de compartir sus descubrimientos y de encontrar aplicaciones para ellos. La doctora Patricia Kuhl, una de las firmantes de la declaración de Santiago de Chile nos explica en este vídeo como aprenden ha hablar los bebés y como debería ser la enseñanza de un segundo idioma siguiendo las evidencias neurocientíficas.

La doctora Kuhl habla en este vídeo de una ventana de oportunidad que facilíta la adquisición de un segundo idioma, pero también de la necesidad de un entorno “humano”, que sea significativo emocionalmente para el niño, para que la “magia” de este periodo funcione. El mensaje que ha calado en la sociedad es que resulta muy importante exponer lo antes posible a los niños a un segundo idioma, pero no como, ¿Tiene sentido que el juguete de nuestro bebé repita una y otra vez los 5 primeros números en inglés? Para la doctora Kuhl no. La mayor parte de los investigadores tratan de ser muy cuidadosos a la hora de evaluar su trabajo y transmitir a la sociedad sus descubrimientos, Sin embargo ni siempre así. En este artículo podéis encontrar la historia de como se gestó la celebre Terapia de Movimientos Rítmicos y sus “desinhibidas” derivadas.

Cazadores de Neuromitos

En octubre de 2014 el profesor Paul Howard-Jones publicó en la revista Nature su artículo Neurociencia y educación: mitos y mensajes en el que aborda el problema de los neuromitos en educación. El trasfondo de este artículo se centra en la búsqueda de los mecanismos que permiten la aparición y difusión de neuromitos, la evaluación sus consecuencias y la búsqueda de formas de erradicarlos.
Howard-Jones ha encontrado orígenes diversos en la aparición de neuromitos: el difícil acceso del público general a las publicaciones científicas (tanto porque son publicadas en revistas especializadas como porque están desarrolladas en un lenguaje técnico que resulta críptico para los no iniciados), un “salto cultural” entre las distintas áreas de conocimiento que utilizan diferentes terminologías, métodos de trabajo y prioridades en sus objetivos (en este caso maestros, pedagógos, psicólogos y neurólogos), la simplificación de contenidos que induce a errores de concepto y por último los sesgos de diferente tipo que existen entre los investigadores, las diferentes autoridades políticas y el público general, a los que volveremos más adelante. Howard-Jones nos propone un sencillo método de tres pasos para detectar cuando una nueva teoría o programa de trabajo puede ser un neuromito. 1.- Preguntarnos de qué bases científicas se parte y si han sido suficientemente contrastadas 2.- Como y cuando se han evaluado los experimentos o los resultados: los números son importantes 3.- Valorar donde se han publicado estas teorías y sus evaluaciones

¿Qué es un “Sesgo”?

El problema de los sesgos es un viejo conocido del método científico. Por lo general todos tendemos a darle más veracidad a aquellas afirmaciones que avalan nuestras creencias previas o prejuicios. Howard-Jones los agrupa en tres tipos: Culturales, Emocionales y de Desarrollo. Un ejemplo nos ayudará a entender esta problemática. La dualidad mente-cerebro es una cuestión difícil de abordar, que aún permanece en discusión dentro de diversos campos del conocimiento y que puede estar contaminada por nuestras creencias ideológicas, políticas y religiosas. Pero debemos reconocer que afecta directamente a la forma que tienen los educadores de realizar su trabajo. Una actitud más materialista (en el sentido decimonónico) nos induce a pensar que las capacidades de aprendizaje de un alumno están limitadas por las características de su cerebro, mientras que una visión más idealista nos hará creer que la mente humana tiene una enorme capacidad de superación. El hecho práctico es que, ante un alumno con problemas específicos de aprendizaje, el primer educador tenderá a reducir las expectativas sobre su aprendizaje y el segundo a buscar métodos más o menos alternativos y contrastados para mejorar su rendimiento. Ante un mismo descubrimiento neurocientífico el primero tenderá a entenderlo como un factor de clasificación de las capacidades de sus alumnos y el segundo como una oportunidad de crear metodologías más efectivas. El hecho de que un educador sea más materialista o idealista depende de su procedencia cultural, de su posicionamiento político, de sus planteamientos religiosos,…

Conclusiones

Los neuromítos tienen implicaciones de un enorme calado en la sociedad. Es grave que haya ideas anticuadas o erróneas circulando por la calle, o que se someta a los niños a programas educativos o tratamientos terapéuticos inútiles, pero lo realmente aterrador es que las decisiones estratégicas del modelo educativo se puedan tomar a partir de mitos con supuestas bases científicas modulados por las ideologías políticas un determinado gobierno. Mitos que deberían haber sido barridos hace tiempo de la discusión sobre el modelo educativo parecen acaparar el debate una y otra vez: Estilos de aprendizaje, inteligencias múltiples, periodos críticos de aprendizaje,… En artículos futuros nos referiremos a algunos de ellos, por ahora esperamos haberos dado herramientas para defenderos del dogmatismo y los prejuicios.

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