Una visión neurocientífica de la ética

Paul Escher.- Angeles y Demonios

La llamada “condición humana”, la inclinación del ser humano hacia el bien o hacia el mal, ha sido motivo de controversia desde hace más de dos mil años. Algunos han defendido que el hombre es lobo para el hombre, otros dijeron que, en condiciones naturales, el hombre es un buen salvaje. Optar por una de estas dos visiones tiene importantes implicaciones en nuestras decisiones morales, políticas y sociales. No obstante nadie ha sido capaz de demostrar cuál de estas dos posturas se ajusta más a la verdadera naturaleza del hombre. ¿Puede ayudarnos la neuropsicología?

El Departamento de Psicología de la Universidad de Yale lleva años preguntándose cuáles son los fundamentos de la ética y la moralidad en el ser humano. El trabajo de Kiley Hamlin, Karen Wynn, Artur Tasimi y Paul Bloom resulta extremadamente interesante y ciertamente provocador en alguna de sus conclusiones. En este artículo os presentaremos sus experimentos más importantes.

POSTURAS CLÁSICAS Y RACIONALISTAS

Platón, Epicuro y Cicerón, entre otros, abordaron el origen de la moral y del derecho. En sus textos hablan de un hombre violento y egoísta que establece un pacto social para no hacerse daño mutuamente: la justicia es un pacto entre egoístas racionales.

Pero el debate más conocido es el establecido entre las ideas de Hobbes y Rousseau. Para el primero el hombre es egoísta y violento. El poder coercitivo del estado es el único capaz de impedir la lucha de todos contra todos, por la que cada uno trata de satisfacer sus deseos egoístas. El ser humano está abocado ceder una parte de su libertad al estado a cambio de la seguridad que este le proporciona. Del otro lado Rousseau opina que el hombre es bueno por naturaleza y que establece libremente un contrato social con todos sus conciudadanos. Mediante este contrato intercambia libertades por derechos. El ser humano es capaz de establecer por sus propios medios unas reglas que le permiten obtener lo mejor para sí mismo y para el otro. El estado es un mero árbitro de este contrato.

Todos estos autores nos dan idea de las profundas implicaciones que tiene el problema de la condición humana, pero no aportan más que opiniones en lo referente al carácter natural del hombre. ¿Cómo es realmente el ser humano y qué es lo que podemos esperar de él?

PREGÚNTALE  AL NIÑO

Los experimentos realizados en la universidad de Yale en las dos últimas décadas trataban de averiguar cuando eran los niños capaces de desarrollar sus primeros juicios éticos y cuáles eran los valores que aplicaban en ellos. También trataban de entender cómo evoluciona esta primitiva idea de justicia hasta el desarrollo en la edad adulta de una auténtica moral: cuáles son los factores que llevan a una persona a ser altruista, racista, solidaria, egoísta, empática, inmoral,… Este ambicioso proyecto nos ha proporcionado sorprendentes respuestas.

Karen Wynn - Baby Lab - Universidad Yale
Liley Hamlim - Baby Lab - Universidad de Yale
En primer lugar parece que nuestro cerebro ya viene programado con dos ideas básicas sobre las que construimos nuestra primera ética. La primera de ellas es la capacidad de distinguir, incluso a los 6 meses de edad, entre quienes tienden a ayudar a sus semejantes y aquellos que actúan de forma contraria. En los experimentos de Kiley Hamlin y Karen Wynn se les representa a los bebes una historia con tres personajes representados por muñecos u objetos llamativos: el protagonista que trata de alcanzar un objetivo concreto, un ayudante (“helper”) que ayuda al protagonista a conseguirlo y un obstaculizador (“hinderer”) que impide que el protagonista alcance su meta. Después del experimento se ofrece a los niños que elijan llevarse para jugar al ayudante o al obstaculizador. Un 80% de los niños eligen para sus juegos al ayudante.

El segundo experimento indica la existencia de una predisposición innata a establecer nuestra pertenencia a un grupo y, como corolario, a segregar a “los otros”. En un primer momento se le daba al niño la opción elegir entre dos alimentos muy similares (crakers o cheerios) y posteriormente se le presentaban dos muñecos cada uno de los cuales mostraba su preferencia por uno estos alimentos. Los niños elegían mayoritariamente para jugar aquel muñeco que tenía el mismo gusto que él mismo.

Pero lo sorprendente es que, al repetir el primer experimento colocando en el papel de protagonista al muñeco de gustos distintos los porcentajes se invertían y casi un 80% de los niños optaban por elegir para sus juegos al obstaculizador. Este experimento parece indicar que los niños identifican como “ajenos” a los individuos que no comparten sus gustos e intereses, y lo que es peor, no tienen problemas para aceptar que los individuos “ajenos” a su grupo que sean maltratados y segregados. “El enemigo de mi enemigo es mi amigo”.

El siguiente vídeo os muestra algunos de estos experimentos en menos de 3 minutos. Con este enlace podéis acceder al reportaje que realizó la CBS sobre el Baby Lab de la Universidad de Yale para su prestigioso programa 60 minutos.

Desde el punto de vista de la selección natural parece que ambas capacidades otorgan una ventaja adaptativa: la capacidad innata de descubrir quiénes pueden ser nuestros socios potenciales y la de formar grupos para competir por los recursos. En contrapartida estos experimentos parecen sugerir una predisposición natural hacia los prejuicios, la segregación de la diferencia e incluso el racismo.

POR UN PUÑADO DE DOLARES

“Estos son mis principios. Si no le gustan … tengo otros”

Groucho Marx

En una nueva tanda de experimentos niños, de entre los 12 meses y los 8 años de edad, vuelven a enfrentarse con “Ayudante” y “Obstaculizador”, pero esta vez los investigadores Karen Wynn y Arber Tajimi introdujeron una sutil diferencia. Cada personaje traía además un regalo para el niño. En el caso de los bebés galletas y en de los niños de más edad pegatinas. ¿Cuántas galletas o pegatinas más que la competencia tendría que ofrecer “Obstaculizador” para que los niños olvidaran sus pecados? La respuesta es sencilla, hasta 8 galletas o 16 pegatinas. A los niños les gusta hacer negocios.

Hasta los 8 años la mayor parte de los niños demuestran estar obsesionados con obtener más que los otros. En una último experimento realizado con niños de hasta 10 años, se les da a elegir entre dos opciones denominadas por el color verde o azul. Cada opción supone un premio en fichas, que los niños pueden ver, tanto para sí mismos como para un hipotético “otro”. Antes de los 8 años los niños suelen escoger la opción que les da un premio mayor que el del “otro”, independientemente de cual sea la mejor opción para ellos. Sin embargo a partir de los 8 años los niños cambian su criterio y se vuelven más generosos eligiendo incluso, en igualdad de condiciones para sí mismos, aquella opción que es más ventajosa para el otro.

Podéis acceder al “papel” de estos experimentos a través de este enlace  o acceder a un resumen en esta página

Este proceso de acercamiento al altruismo, ¿es parte del desarrollo natural de ser humano o es fruto de la educación? ¿Es natural o impuesto por la sociedad? La respuesta no es sencilla. El profesor Paul Bloom trata de explicar que en realidad esto no es tan importante. Defiende que en realidad tu cerebro está construido para establecer categorías e identificar modelos, por lo que es natural que trabaje con ideas preconcebidas y prejuicios sobre lo que puede esperar de su entorno y de sus semejantes. El peligro está en desconocer que estamos haciendo uso de esos sesgos y prejuicios, y dejarlos volar libremente. Para Paul Bloom el papel del pensamiento racional es establecer mecanismos que nos limiten a la hora de uso nuestras ideas preconcebidas. A través de este enlace podéis acceder a una de sus charlas TED con subtítulos en castellano.
Paul Bloom - Universidad de Yale

¿QUÉ NOS DICE LA NEUROCIENCIA?

Por una parte está muy claro que es la sorprendente capacidad de nuestro cerebro para buscar patrones en la naturaleza lo que nos convierte en seres inteligentes. En este artículo se explica, a través del trabajo de Alison Gopnik, cómo utilizamos estos patrones en la creación de Redes Bayesianas de inferencia con las que interpretar y predecir nuestro entorno. Volveremos sobre este tema en futuros artículos.

Por otra parte, el funcionamiento de nuestro cerebro, tal y como lo conocemos actualmente, comienza con la recepción de los estímulos externos a través del cerebro reptiliano (la parte más arqueológica y visceral de nuestro cerebro). Los estímulos pasan después al cerebro límbico y solo tras estos dos filtros alcanzan el cortex frontal (donde reside el pensamiento racional). Los estímulos que son reconocidos como amenazas en este proceso son bloqueados antes de llegar a la corteza frontal y una vez automática. Es obvio que cuando un peligro se abalanza sobre ti no hay tiempo para razonar. Pero para que el sistema funcione es necesario que nuestro cerebro racional sea capaz de instruir a los demás para agregar elementos a la lista de peligros.

¿Realmente son tan importantes estos mecanismos cuando tomamos decisiones ?: Todos los ejércitos saben que es necesario deshumanizar al “enemigo”. Las dictaduras se mantienen más por el miedo a los hipotéticos enemigos exteriores (capitalistas, comunistas, judíos …) que por el temor de la población a su capacidad represiva. Las “noticias falsas” se apoyan para propagar en la información que se obtiene en redes sociales sobre nuestros sesgos personales. Las ONG saben que vamos a responder mejor a su campaña de ayuda con una historia que nos conectan con datos y estadísticas …

Cómo defiende Paul Bloom la ética se construye a partir del desarrollo y aceptación de normas que nos limitan y se basan en nuestro pensamiento racional, es decir en la educación y la cultura. Completando la cita de Hobbes a Plauto “lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quié

Por otra parte, el funcionamiento de nuestro cerebro, tal y como lo conocemos actualmente, comienza con la recepción de los estímulos externos a través del cerebro reptiliano (la parte más arcaica y visceral de nuestro cerebro). Los estímulos pasan después al cerebro límbico (desarrollado en los mamíferos y gobernado por lo emocional) y solo tras estos dos filtros alcanzan el cortex frontal (donde reside el pensamiento racional). Los estímulos que son reconocidos como amenazas en este proceso son bloqueados antes de llegar a la corteza frontal y reciben una respuesta automática. Es obvio que cuando un peligro se abalanza sobre ti no hay tiempo para razonar. Pero para que el sistema funcione es necesario que nuestro cerebro racional sea capaz de instruir a los otros dos añadiendo o quitando elementos de la lista de peligros.

 

Conclusiones

¿Realmente son tan importantes estos mecanismos cuando tomamos decisiones?: Todos los ejércitos saben que es necesario deshumanizar al “enemigo”. Las dictaduras se mantienen más por el miedo a hipotéticos enemigos exteriores (capitalistas, comunistas, judíos…) que por el temor de la población a su capacidad represiva. Las “fake-news” se apoyan para propagarse en la información que obtienen en redes sociales sobre nuestros sesgos personales. Las ONG’s saben que vamos a responder mejor a su campaña de recogida de ayuda si muestran una historia con la podamos conectar que si nos bombardean con datos y estadísticas…

El neuropsícolo Paul Bloom afirma que la ética se construye a partir del desarrollo y aceptación de unas normas que nos limitan y están basadas en nuestro pensamiento racional, es decir en la educación y la cultura. Completando la cita de Hobbes a Plauto “lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro”

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